
Porque guiar, conducir a otras personas o colectivos a lograr su integración en la sociedad, para que tengan las mismas oportunidades que los demás tienen, para que gocen del mismo punto de partida a la hora de desarrollarse como personas es una de las tareas más nobles que podríamos desempeñar.
Hoy, en esta recién bautizada sociedad del conocimiento, es necesario favorecer que las personas se descubran a sí mismas, es necesario atenuar, y si es posible eliminar, el hándicap sociocultural y propiciar la igualdad de oportunidades para todos, intentar suprimir las diferencias entre los diferentes estratos sociales, crear una sociedad más justa, en la que nadie quede relegado a ser ciudadano de segunda.
El educador social tiene unos ámbitos de trabajo, que bien desempeñados tienen un valor incalculable. Atender a la infancia y adolescencia en situación de riesgo social, la educación en centros de justicia para menores o prisiones, la formación y la inserción laboral de personas adultas o la dinamización de residencias y equipamientos para personas de la tercera edad, tratamiento de las drogodependencias…
En definitiva, estudiar educación social da la posibilidad de enriquecer a la sociedad, interviniendo para lograr un mundo un poco más justo. La posibilidad de poder llegar a ser un día educador social y poder intervenir de tal manera que influyamos en alguna persona o colectivo, consiguiendo ayudarle, es motivación suficiente para haberme decidido por la educación social.